Crónica: Cuando Netflix llegó a Colombia y nos cambió la rutina
Por: Daniel Ricardo - CriticoDaniel
En septiembre de 2011, sin mucho ruido mediático ni alfombra roja, Netflix aterrizó en Colombia. No hubo comerciales épicos ni campañas invasivas. Solo una promesa sencilla y peligrosa para la televisión tradicional: ver lo que quieras, cuando quieras.
En aquel entonces, el país aún vivía a ritmo de parrilla televisiva. Había que llegar temprano a casa para no perder el capítulo, soportar comerciales eternos y aceptar que el control no lo tenía el espectador.
Fuente / créditos de la foto: Las dos Orillas. Foto de referencia.
Netflix rompió ese pacto tácito. Por unos 7,99 dólares al mes –unos 14000 pesos en ese entonces —ofrecía un catálogo modesto, sí, pero con algo nuevo: libertad.
Al principio fue curiosidad. Luego costumbre. Y después, dependencia. El “un capítulo más” empezó a colarse en las madrugadas colombianas sin pedir permiso. Años más tarde llegarían las producciones originales, el contenido local y el debate cultural sobre su impacto.
Algunos datos clave de interes:
Un solo plan (nada de Básico, Estándar o Premium).
Calidad estándar (SD).
Reproducción en un dispositivo a la vez.
Un mes de prueba gratis (sí, Netflix antes era así de amable).
Pero todo comenzó ahí: con una plataforma extranjera entrando en silencio y cambiando, para siempre, la forma en que Colombia consume cine y televisión.
No fue solo una app. Fue el inicio de otra era.
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